domingo, 10 de mayo de 2009

La hija de los apaches


Hija de los apaches

Aun recuerdo la primera vez que fui a la hija de los apaches, pero recuerdo aun más una ocasión que fui con lo que yo llamo amigos-hermanos, no había razón para celebrar o festejar algo, simplemente fuimos porque sabíamos que la íbamos a pasar bien y así pasó. Llegamos a buena hora de la tarde a la famosa pulquería ubicada cerca del metro Cuauhtémoc en el defectuoso. Entras y los murales incompletos se mezclan con posters de películas chafas de bajo presupuesto de producciones mexicanas, de esas que pasan por Galavisión en las noches con Alfonzo Sayas, una alfombra totalmente quemada por los cigarros y demasiado calor, hacen del ambiente el ideal para tomarte unas chelas (que por supuesto son caguamas) y unos pulques que en esa ocasión eran de zarzamora. Es de las pocas veces que absolutamente todos estábamos ahí, teníamos el tiempo, dinero y ganas suficientes como para embrutecernos totalmente. Al entrar al ambiente a tranquilidad se siente, sin personas que te digan que no entras por no llevar zapatos o el típico y clasista nos reservamos el derecho de admisión o ¿cuántos vienen? –Solo tenemos mesa para 4- NO, en la hija entran hasta que cueste cerrar la puerta y así paso con un lugar lleno, un mesero parecido a Cosme de Café Tacuba lleva decenas de embases de cervezas llenas y vacías a su vez otro mesero lleva platos de frituras baratas de la merced a todas las mesas, mientras recoge los tarros que alguna vez tuvieron pulque. Y ahí estaba con mis amigos disfrutando de uno de los mejores lugares al que he ido en mi vida.

Continuara…